El Espíritu de Zaragoza - Comentarios

Retiro “Espíritu de Zaragoza”

Desde el 1º al 30 de noviembre 2007, cinco miembros de la Compañía de María participaron en el retiro integral de 30 días “Espíritu de Zaragoza” en Ranchi, India. Ellos fueron:

¯Joseph Chittibabu y Antony Nesam, quienes hicieron su profesión perpetua el 8 de diciembre;

¯Charles Kimeu del Distrito del Africa oriental, quien hizo su profesión perpetua el 6 de enero;

¯Marianus Lugun y James Dungdung del Distrito de la India, quienes fueron ordenados el 5 de enero;

¯Los directores del retiro fueron: Les Kaehler (Provincia de USA) y Martin Solma (Distrito de Africa Oriental).

Como parte del retiro, cada participante y director escribió un “Acto de Consagración” que fue luego utilizado como parte de una liturgia del retiro.

Ofrecemos dichas plegarias a continuación:

 

Actos de Consagración

Retiro “Espíritu de Zaragoza”

1-30 noviembre 2007 - Ranchi, India

 

Para la gloria de la Santísima Trinidad,

    para que María sea mejor conocida, amada y servida,

    para mi propia santidad y la de mis hermanos y hermanas.

Yo …………………….. renuevo mi promesa de vivir por toda mi vida los votos de

    castidad, pobreza, obediencia y estabilidad

    como miembro de la Compañía de María,

    y de nunca rehusarle mi cooperación.

Gracias, Señor, por tu fiel amor durante estos 50 años pasados.

Yo proclamo con María las grandes cosas que Tú has hecho por tu bien amado.

Que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo,

    sean glorificados en todas partes por la Inmaculada Virgen Maria. Amén.

                             (Lester Kaehler, SM)

 

 

 

Virgen Santa María,

    tú fuiste fiel a Dios y seguiste sus designios,

     aún cuando no los comprendías.

Tú te sometiste para que el Espíritu Santo te llenara,

    te poseyera y te guiara.

Ayúdame, como hijo tuyo, a imitar tu espíritu de pobreza

    y a ser sencillo para creer  que Dios me ama.

Que mi base y fundamento para la misión sea el amor.

Que la Sabiduría de Dios que residió en ti resida en mí

    y permanezca siempre obrando en mí.

Que Él me moldee, me perfeccione sin cesar

    y actúe en lo más profundo de mi ser, para santificarme.

Que Cristo habite siembre en mi corazón por la fe.

Gloria a Dios

    que puede hacer muchísimo más

    de lo que yo pudiera pedir o incluso imaginar. Amén.

                             (Charles Kimeu, SM)

 

 

 

Oh,precioso don de Dios y don para la humanidad,

    tú que eres sensitiva a nuestras necesidades,

    intercede por nosotros a tu Hijo bien amado.

Al venir yo a participar en la misión de tu Hijo,

    hazme un instrumento de humildad y de paz;

    penetra mi corazón y mi alma con tu amor

     al responder a tu llamada, para seguirte

     y marchar bajo tu  estandarte.

Hazme orgulloso de ser tu soldado.

Transforma todos mis esfuerzos para la gloria de tu Hijo

    que nos trajo la salvación.

Oh, Madre de Dios y Madre mía, dame un corazón amoroso y compasivo

    para que no sea yo el que vive sino que sea Cristo el que viva en mí.

Permite que yo pueda aceptar a todas las personas como hermanos y hermanas míos,

    quienquiera que yo encuentre en mi labor pastoral.

Que el pueblo llegue a saber que yo soy un servidor tuyo y de tu Hijo.  Amén.

                              (Chittibabu Joseph, SM)

 

 

 

Oh Santísima Virgen María,

    Madre de Jesús y Madre de toda la humanidad,

    yo te honro de todo corazón por haber escuchado al Verbo divino

    y haber confiado en Él.

¡Cuántas obras y maravillas Él hizo por tu intercesión!

Te honro, oh Madre,

    por tu buena disposición para cooperar con el plan de Dios para la salvación

    de toda la humanidad.

Te honro, mi queridísima Madre,

    por tu absoluta dedicación a Dios

    con plena confianza, esperanza y fidelidad.

Tú fuiste elegida para ser la Madre de Dios,

    y por eso bendita eres entre todas las mujeres,

    exaltada en el cielo y en la tierra por traer al mundo a

Jesucristo nuestro Señor, Redentor y Salvador.

Él nos ha salvado de la condena eterna por su sacrificio en la Cruz,

    obteniendo nuestra salvación al derramar Su sangre.

Madre María, yo me dedico a ti y me entrego bajo tu cuidado en este día.

Ayúdame a comprender el misterio de la Encarnación

    –el Verbo hecho carne— Dios hecho hombre.

Ayúdame a comprender el misterio de la Cruz sobre la cual Jesús se vació,

    entregándose totalmente por mí.

Enséñame, Madre, el significado de sufrir y de morir por los demás

    y de entregarme totalmente por el bien de los demás.

Oh, santísima Madre,

    fórmame más y más a la semejanza de tu Hijo, Jesús.

Cuando tenga dolor,

    y me sienta triste y totalmente abandonado,

    cuando me rodee la oscuridad, aumenta mi fe

     y ayúdame a confiar en Dios y solamente en Él.

Oh Santísima Virgen y Madre,

    al hacer mi promesa de seguir a tu Hijo Jesús,

     más estrechamente y más amantemente,

    con una disposición de sumisión total a la voluntad de Dios

     y Su Espíritu Santo,

    ayúdame a dedicarme

     y a comprometerme totalmente a través de los votos

    de castidad, pobreza, obediencia y estabilidad,

     y así dar a luz a Jesús en este mundo mediante mi servicio,

    especialmente como un ministro ordenado para el bien de todo el pueblo.

Oh amantísima Madre María,

    moldéame y fórmame como formaste a tu Hijo, Jesús,

    y ayúdame a guardar mi fervor, entusiasmo, amor y perseverancia

     en tu Compañía y en su misión

      de darte a conocer para que seas amada y servida.

Guíanos a todos hacia tu hijo, Jesús,

    que es nuestro Señor y Dios por los siglos de los siglos.

Que el Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo

   sean glorificados en todas partes por la Inmaculada Virgen María. Amén.

                              (Marianius Lugun, SM)

 

 

 

Oh, santísima Virgen María de Nazaret,

   en la Anunciación tú consentiste con fe al plan   de Dios para la salvación.

Tú demostraste la más gran fe hasta el pié de la Cruz y más allá.

Desde esa Cruz, Jesucristo, Nuestro Señor te proclamó madre nuestra.

Yo veo y contemplo tu misteriosa santidad.

Me uno a tu caridad maternal.

Acepto la voluntad de Dios con fe, como tú lo hiciste.

Yo me dedico a ti, oh Madre del Redentor,

    entregando mi vida al servicio de tu misión

en la Compañía de María por toda mi vida. Amen.

                              (James Dungdung, SM)

 

 

  

Oh, María,

    yo te rezo cada día y en cada momento de mi vida

    con nueva visión y nueva sabiduría.

E la gracia divina que tu Hijo, Jesucristo, me ha dado.

Oh, Madre amante,

   yo pido que la vida de tu Hijo me permita

   extenderme a los pobres en toda forma,

   dándoles a conocer el misterio de tu Hijo.

Oh, Madre eterna,

   ayúdame a comprender la vida mística

   de tu Hijo para que yo pueda compartir en la victoria de tu Hijo,

   y compartir esa victoria con numerosas personas, de muchas formas.

Yo rezo esta oración por Jesús, tu Hijo. Amén.

                             (Anthony Nesam, SM)

 

 

 

Toma mi mente, oh María,

   para que yo pueda saber y comprender los designios de Dios.

Toma mi memoria, oh María,

   para que yo siempre tenga presente las maravillas de Dios.

Toma mi imaginación, oh María,

   para que yo pueda aportar creatividad y novedad a tu misión.

Toma mis ojos, oh María,

   para que yo pueda ver a Dios en todas las cosas

   y mediante todo.

Toma mi oído, oh María

   para que yo pueda discernir el llamado de Dios y ser obediente.

Toma mi voz, oh María,

   para que yo pueda hablar con gracia divina y caridad.

Toma mis manos, oh María

   para que yo pueda obrar con fervor y ternura.

Toma mis pies, oh María

   para que yo siempre pueda ir adonde sea enviado y llevar la Buena Nueva de Cristo.

Toma mis rodillas, oh María,

   para que yo siempre pueda orar incesantemente, consciente de mi dependencia de Dios.

Toma mi corazón, oh María,

   para que yo siempre pueda amar a Cristo por sobre todas las cosas;

   para que yo pueda ofrecerte una morada amorosa, donde tú puedas formarme

   en Cristo; para que yo pueda estar siempre consagrado a ti y a tu misión

   de encarnar al Verbo

   y dar a luz a Cristo en nuestro mundo.  Amén.

                               (Martin Solma, SM)